¡De estos encuentros
que dan aun mas chispa a la vida andaluza!
Hoy me llama mi padrino
de afición, misión: comprar entradas para la corrida sevillana de la resurrección.
Vamos pa'alla, y cuando llego queda… 1 entrada. Ni dos, ni « no hay
billete », 1. A ver ahora que hacemos.
Y bajó el duende.
Bajó
hacia la reja de la maestranza, y llegó Curro, ex matador de toros, vendedor
ilegal de entradas taurinas. Negociaciones, dinero, filas, toros… concluimos un
acuerdo, sentados sobre el reborde del muro de la plaza. Pasan los coches,
soplan los caballos.
Curro
es un tipo grande, un tipo fuerte. De estos andaluces con cara llena de sol y
de viento. A Curro les faltan unos dientes. Unos cuantos la verdad. Me acompaña
hasta el cajero, mientras su Sancho Panza se acerca a un lugar secreto donde
guardan el tesoro: las entradas.
Caminamos
caminando, y unos minutos después de conocerme Curro me describe su vida. Sus
empiezos de torero, hasta que… Hasta que uno le dió en los testículos, que le
operaron en el coche de la Cruz Roja en un pueblo de por aquí, sin anestesia, y
que por consecuencia el pobre anda cojo, anda con uno solo.
Pedazo
de encuentro andaluz, donde distancia con las personas nada, nos olvidamos de
las formas, después de todo, somos de la misma familia.
Saco
mis billetes, ellos sacan las entradas. Me siento la típica negociante comprando
cash sus localidades, cuento los eurillos uno a uno entre dos tipos altos y morenos,
gitanos verdaderos, en una esquina de la plaza, apartados.
Y
antes de despedirse, me pregunta el Curro:
“Y
a ti, cual torero te gusta? Morante?”
Claro,
Morante, el único dios en esta tierra sevillana.
Busco
inspiración, torero vamos, no hay tantos. Bueno si, ¡venga!
“-
Pues a mi me gusta El Fundi, digo yo.
-
¿El Fandi?
-
No, El Fundi.
-
¿El Fandi? ¿El que hace correr al toro?
-
No, El Fundi, el que torea toros.”
-
Ha, bien. (Pausa) Muy bien vamos.”
Gitano,
aficionado al Morante, pero mi Fundi, nada…
Pensara,
“que rara esta francesa, que se viene a Sevilla a ver toros…”
La
francesa espera, que quieres que te diga…